Silvia y Bruno
Silvia y Bruno era, y bajó la vista al suelo—.
¡La deuda me dejará pelado
y me atribulará para siempre!».
«¡No, no, Pedrito! —repuso Pablo—.
¡No te quejes asà de tu suerte!
»No te falta en casa el alimento;
eres respetado en todo el mundo,
y en la barberÃa, según creo,
rizas tus patillas a menudo.
Aunque la nobleza nunca alcances
—te quedarás corto, ni lo intentes—,
la vÃa honesta tienes delante
¡aunque sea muy inconveniente!».
«Cierto es —dijo Pedro—, vivo estoy;
el mundo todavÃa me admira,
y una vez a la semana voy
a rizar y aceitar mis patillas.
Pero un activo insignificante
e ingresos nulos son mi presente:
abusar del capital, ya sabes,
¡es en cualquier caso inconveniente!».
«¡Pero paga! —exclamó su amigo—.
Mi buen Pedrito, ¡paga tus deudas!
¿Qué importa si al completo tu “activoâ€
resulta devorado por ellas?
Ya tardas una hora en pagar;
aunque ser generoso procuro.