La gaviota
La gaviota DORN.—Ha ido a la estación, a esperar a Trigorin. Pronto estará de vuelta.
SORIN.—Si usted ha creído necesario hacer venir aquí a mi hermana, es que estoy enfermo de gravedad. (Después de unos momentos de silencio.) Bonita historia, estoy gravemente enfermo y no me dan ninguna medicina.
DORN.—¿Y qué quiere usted? ¿Gotas de valeriana? ¿Soda? ¿Quina?
SORIN.—Vaya, otra vez filosofías. ¡Oh, qué castigo! (Señalando el diván con la cabeza.) ¿Lo han preparado para mí?
POLINA ANDRÉIEVNA.—Para usted, Piotr Nikoláievich.
SORIN.—Gracias.
DORN.—(Canturreando.) «Flota la luna por los cielos nocturnos…»
SORIN.—Verán, quiero dar a Kostia un tema para una novelita, que deberá titularse «El hombre que ha querido», L’homme qui a volulu. En otro tiempo, cuando joven, quería hacerme literato, y no lo hice; quería hablar con elegancia y siempre he hablado de manera espantosa (Parodiándose:) «y eso, eso es, así pues y así no»…, a veces, me he puesto a resumir, resumir… hasta quedar bañado en sudor; quería casarme y no me he casado; quería vivir siempre en la ciudad, y ya ven, acabo mi vida en el campo, eso es.