Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Pues no ‑replicó Rasumikhine‑. En eso, tú y todo el mundo estáis equivocados. Yo estoy seguro de que es un inexperto, de que éste es su primer crimen. Si nos imaginamos un plan bien urdido y un criminal experimentado, nada tiene explicación. Para que la tenga, hay que suponer que es un principiante y admitir que sólo la suerte le ha permitido escapar. ¿Qué no podrá hacer el azar? Es muy posible que no previera ningún obstáculo. ¿Y cómo lleva a cabo el robo? Busca en la caja donde la vieja guardaba sus trapos, coge unos cuantos objetos que no valen más de treinta rublos y se llena con ellos los bolsillos. Sin embargo, en el cajón superior de la cómoda se ha encontrado una caja que contenÃa más de mil quinientos rublos en metálico y cierta cantidad de billetes. Ni siquiera supo robar. Lo único que supo hacer fue matar. ¡Lo dicho: un principiante! Perdió la cabeza, y si no lo han descubierto no lo debe a su destreza, sino al azar.
‑¿Hablan ustedes del asesinato de esa vieja prestamista? ‑intervino Lujine, dirigiéndose a Zosimof. Con el sombrero en las manos se disponÃa a despedirse, pero deseaba decir todavÃa algunas cosas profundas. QuerÃa dejar buen recuerdo en aquellos jóvenes. La vanidad podÃa en él más que la razón.
‑SÃ. ¿Ha oÃdo usted hablar de ese crimen?