El doble
El doble La puerta del despacho contiguo de pronto crujió queda y suavemente, como anunciando que la persona que entraba era de muy poca importancia, y una figura, que por lo demás el señor Goliadkin conocÃa bien, apareció con timidez delante del mismo escritorio que ocupaba nuestro héroe. Nuestro héroe no levantó la cabeza, no, solo miró a la ligera, con el rabillo del ojo, pero ya lo habÃa reconocido todo, lo habÃa comprendido todo, hasta los menores detalles. Ardió de vergüenza y hundió su desdichada cabeza en el papel, con el mismo fin con que un avestruz perseguido por un cazador oculta la suya en la arena ardiente. El recién llegado hizo una reverencia a Andréi FilÃppovich y, luego, se oyó esa voz oficial y cariñosa con la que los superiores se dirigen en todos los puestos de trabajo a los nuevos subordinados. «Siéntese aquà –dijo Andréi FilÃppovich señalándole al novato el escritorio de Antón Antónovich–. Aquà mismo, frente al señor Goliadkin, ahora mismo le daremos algún trabajo.» Andréi FilÃppovich hizo un rápido y decoroso gesto de respeto al recién llegado e inmediatamente se sumió en los diversos papeles que tenÃa apilados en su escritorio.