El doble

El doble

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El invitado hizo una reverencia. Trajeron la comida. Petrushka puso la mesa y el invitado y el dueño de la casa empezaron a saciar el apetito. La comida no se prolongó mucho tiempo, ya que ambos tenían prisa: el anfitrión porque estaba de mal talante, y además porque sentía vergüenza de que la comida fuera tan mala; vergüenza que, en parte, se debía a que le habría gustado alimentar bien al invitado, y en parte a que le habría gustado demostrar que no vivía como un indigente. Por su parte, el invitado era presa de la mayor turbación y azoramiento. Habiendo tomado una vez el pan y comido una rebanada, temía tender la mano hacia una segunda; evitaba escrupulosamente escoger los mejores pedazos y a cada momento aseguraba que no tenía nada de hambre, que la comida era maravillosa y que, por su parte, estaba totalmente satisfecho y lo recordaría hasta la muerte. Cuando la comida terminó, el señor Goliadkin encendió su pipa, ofreció al visitante otra reservada para los amigos, ambos se sentaron frente a frente y el invitado empezó a relatar sus aventuras.






👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker