El idiota
El idiota Lisaveta Prokofievna y sus otras dos hijas podían haber realizado el viaje, sin Adelaida, a mediados o finales de verano, pasando uno o dos meses en el extranjero para olvidar el disgusto de que una de las hermanas hubiese abandonado ya la casa paterna. Pero entonces sucedió un nuevo incidente. Habiéndose aplazado la boda hasta mediados de verano, el príncipe Ch. presentó en casa de los Epanchin, a fines de primavera, a un lejano pariente suyo, llamado Eugenio Pavlovich Radomsky, con quien le unía estrecho trato. Radomsky era un joven de veintiocho años, edecán del zar, muy apuesto, de buena familia, inteligente, brillante, «moderno», «de exquisita educación» y casi fabulosamente rico. El general se preocupaba mucho siempre del último punto mencionado. Hizo, pues, investigaciones, ya que, según decía: «Parece que es así, pero conviene asegurarse». La vieja Bielokonsky escribió desde Moscú recomendando con gran vehemencia a aquel joven oficial de gran porvenir. Mas circulaban respecto a Radomsky ciertas inquietantes hablillas referentes a «liasons», «conquistas» y corazones destrozados. Desde que conoció a Aglaya, Radomsky se convirtió en visitante asiduo de la familia Epanchin. En verdad, nada se había hablado, ni aun por alusiones, pero el general y su mujer estimaron fuera de lugar un viaje durante el verano, dadas las circunstancias. En cuanto a Aglaya, quizá tuviese diferente opinión.