El idiota
El idiota —¡No! Retiro la palabra. ¡He hallado otra explicación! —gritó Kolia—. ¡No es usted escéptico, sino celoso! Los sentimientos de Gania por cierta orgullosa señorita le producen unos celos infernales.
Y Kolia, levantándose súbitamente, rompió a reÃr como no riera en su vida. El rubor que cubrió el rostro de Michkin acrecentó la hilaridad del escolar. Le divertÃa enormemente la idea de que el prÃncipe pudiera sentir celos a causa de Aglaya. Pero su risa se cortó, en cuanto pudo observar que disgustaba a Michkin. Tras esto, ambos mantuvieron una conversación muy seria, que se prolongó por una hora o más.
Al dÃa sucesivo, un asunto urgente obligó a Michkin a pasar parte de la jornada en San Petersburgo. Eran más de las cuatro cuando, al disponerse a volver a Pavlovsk, encontró en la estación al general Ivan Fedorovich. Éste asió en seguida el brazo del prÃncipe y tras mirar a su alrededor con inquietud, le hizo subir a un coche de primera clase, proponiéndole hacer el viaje juntos, ya que querÃa hablarle de cosas de alguna importancia.