El idiota
El idiota —¡No es eso! Hace media hora, prÃncipe, se convino que nadie interrumpirÃa, que nadie reirÃa, que cada uno podrÃa exponer su pensamiento libremente y que luego podrÃan aducirse réplicas y objeciones, incluso por parte de los ateos que pudiese haber aquÃ. Y hemos otorgado la presidencia al general. ¡Eso es! De otro modo, cabe poner en ridÃculo a cualquiera, incluso al que desarrolle la idea más profunda y más alta…
—Hable, hable; nadie le interrumpirá —exclamaron varias voces.
—Hable, pero no divague.
—En primer lugar, ¿qué estrella era ésa? —indagó uno.
—No tengo la menor idea —repuso el general Ivolguin, que desempeñaba la presidencia con toda la dignidad propia del cargo.