Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Eres un insolente. Ya te he dicho que te conozco.
—Si soy un insolente, amigo, esto no es cuenta tuya —dijo Kolia deteniéndose y mirando fijamente al desconocido.
—¡Ah! ¿S�
—SÃ.
—Entonces, ¿de quién es cuenta?
—De Trifón Nikititch.
—¿De quién?
El forastero, todavÃa acalorado, miraba a Kolia con cara estúpida. El muchacho le respondió midiéndolo gravemente con la mirada.
—¿Has ido á la iglesia de la Ascensión? —preguntó Kolia enérgicamente.
—¿Yo? ¿Para qué? —repuso el forastero, desconcertado—. No, no he ido.
—¿Conoces a Sabaniev? —preguntó Kolia con la misma energÃa.
—¿A Sabaniev? No, no lo conozco.
—Entonces, vete al diablo —dijo Kolia. Y, desviándose hacia la derecha, se alejó con paso rápido, como si no se dignase hablar con un hombre tan tonto que ni siquiera conocÃa a Sabaniev.
—Espera —dijo el forastero, volviendo a ponerse nervioso—. ¿A qué Sabaniev te refieres?
Y preguntó a las vendedoras, mirándolas estúpidamente: