Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —¡Ah! Es que yo soy también muy ruso. Y también lo eres tú, filósofo. Se te pueden escapar observaciones del mismo género... Te apuesto lo que quieras a que te pillaré diciendo algo asÃ. La apuesta entrará en vigor mañana. Pero contesta a lo que te he preguntado: ¿hay Dios o no lo hay? Te agradeceré que me hables en serio.
—No, no hay Dios.
—¿Hay Dios, Aliocha?
—SÃ, hay Dios.
—Iván: ¿existe la inmortalidad, por poca que sea?
—No, no hay inmortalidad.
—¿En absoluto?
—En absoluto.
—O sea, cero. ¿Cero o una partÃcula?
—Cero.
—Aliocha, ¿hay inmortalidad?
—SÃ.
—¿Dios e inmortalidad en una sola pieza?
—SÃ: la inmortalidad descansa en Dios.
—¡Hum! Debe de ser Iván quien tiene razón. Señor, ¡cuando uno piensa en la cantidad de fe y de energÃa que esta quimera ha costado al hombre, sin compensación ninguna, desde hace miles de años! ¿Quién se burla asà de la humanidad? Por última vez lo pregunto categóricamente: ¿hay Dios o no lo hay?