Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Pues, por última vez, no.
—Entonces, ¿quién se burla del mundo, Iván?
—El diablo, sin duda —repuso Iván con una risita sarcástica.
—AsÃ, el diablo existe.
—No, no existe.
—Lo siento. No sé lo que harÃa al primer fanático que inventó a Dios.
Ahorcarlo me parece poco.
—Sin esa invención, la civilización no existirÃa.
—¿De veras?
—De veras. Tampoco existirÃa el coñac. Por cierto, que vamos a tener que quitártelo.
—Espera, una copita más... He ofendido a Aliocha. ¿Me guardas rencor, hijito.
—No, no te guardo rencor. Sé muy bien cómo piensas. Tu corazón vale más que tus pensamientos.
—¡Mi corazón vale más que mis pensamientos! ¡Y eres tú quien lo dice!...
Iván, ¿quieres a Aliocha?
—SÃ, le quiero.
—Quiérele.
Y Fiodor Pavlovitch, cada vez más borracho, dijo a Aliocha: