Los Tres Mosqueteros

Los Tres Mosqueteros

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

No era milady mujer que se dejara engañar respecto a la causa de semejante vacilación; bajo sus aparentes emociones, no la abandonaba ni un punto su pasmosa impasibilidad. Antes de que Felton le hubiese respondido y se hubiese visto ella obligada a reanudar aquella conversación tan difícil de sostener en el mismo tono exaltado, dejó caer las manos, y como si la debilidad de la mujer recobrara su ascendiente sobre el entusiasmo de la inspirada, dijo:

—Pero no, no soy yo la predestinada a ser la Judith que libre a Betulia de ese Holofernes. La espada del Eterno es excesivamente pesada para mi brazo. Dejadme, pues, huir de la deshonra por la puerta de la muerte, que me refugie en mi martirio. No os pido, como haría una culpable, la libertad ni la venganza, como de vos solicitaría una pagana. Solamente os pido que me dejéis morir, os lo suplico, os lo imploro de rodillas; si así lo hacéis, mi último suspiro será una bendición para mi salvador.

Felton, al oír aquella voz meliflua y al ver aquella mirada tímida y abatida, se acercó nuevamente a milady. Poco a poco, la hechicera había ido revistiéndose de los mágicos atractivos que tomaba y dejaba a su antojo, es decir, de la belleza, la dulzura, las lágrimas y, sobre todo, del irresistible hechizo de la voluptuosidad mística, la más aniquilante de todas las voluptuosidades.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker