Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Entonces —repuso Tréville—, también para el servicio de vuestra majestad han preso a uno de mis mosqueteros inocente, lo han colocado entre dos guardias como un malhechor y han paseado a través de un populacho insolente a ese caballero dignÃsimo que ha prodigado su sangre para el servicio de vuestra majestad, como está pronto a prodigarla de nuevo.
—¿Queréis decir que ha pasado as� —repuso el rey un tanto conmovido.
—M. de Tréville no dice —profirió el cardenal con toda la flema del mundo— que ese mosquetero inocente, ese caballero honorable, una hora antes habÃa acuchillado a cuatro comisarios instructores delegados por mà para informar sobre un asunto de suma importancia.
—Reto a vuestra eminencia a que pruebe lo que acaba de decir —exclamó Tréville con su franqueza gascona y su rudeza militar—, porque una hora antes m. Athos, que, lo digo en confianza a su majestad, es hombre de elevadÃsima cuna, me hacÃa la honra, después de haber comido a mi mesa, de conversar conmigo en el salón de mi palacio con m. duque de La Trémouille y m. conde de Châlus.
Luis XIII miró al cardenal.
—Un juicio verbal hace fe —arguyó Richelieu, respondiendo en alta voz a la muda interrogación del rey—, y los agentes maltratados han trazado este que tengo la honra de presentar a vuestra majestad.