Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros En la sala reinó por un instante la turbación y la inquietud. Los concurrentes pudieron notar que habÃa pasado algo entre el rey y la reina; pero como estos hablaron en voz sumamente baja, y no hubo quien, por respeto, no se alejara algunos pasos, persona alguna pudo oÃr palabra.
A más y mejor tocaban los violines, pero lo mismo que si no; no habÃa nadie que los escuchase.
El que primero salió de su gabinete fue el rey, que vestÃa elegantÃsimo traje de caza, como, al igual que él, lo vestÃan su alteza real y los demás señores de su séquito. Era aquel el traje que más bien le sentaba a Luis XIII, que, vestido de tal suerte, verdaderamente parecÃa el primer grande de su reino.
Richelieu se acercó al rey y le entregó una cajita.
—¿Qué significa eso? —preguntó el soberano al cardenal al abrir el estuche y hallar en él dos herretes de diamantes.
—Nada —respondió Richelieu—; lo único que os digo, señor, es que, si la reina luce los herretes, que lo dudo, os toméis la molestia de contarlos, y si no halláis más que diez, preguntadle quién puede haberle robado los dos que hay en este estuche.