Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —¿Para mi amo? —preguntó Planchet con extrañeza.
—SÃ, y es urgentÃsimo. Tomadlo, pues, enseguida.
Dichas estas palabras, la doncella echó a correr hacia la carroza, que anticipadamente habÃa dado la vuelta, y sentándose nuevamente en el estribo, aquella se volvió por donde viniera.
Planchet miró y remiró por el anverso y por el reverso el billete; pero, acostumbrado como estaba a la obediencia pasiva, bajó de la azotea de un salto, enfiló la callejuela y a unos veinte pasos dio con D’Artagnan, que, habiéndolo presenciado todo, le salió al encuentro.
—Para vos, señor —dijo Planchet, entregando el billete al mozo.
—¿Para m� ¿Ya estás bien seguro? —profirió D’Artagnan.
—¿Que si estoy seguro? Como que la doncella me ha dicho: «Para tu amo», y como no tengo más amo que vos, entonces… ¡Y que no es linda la doncellita! ¡Cáscaras!
D’Artagnan abrió el billete, y vio que decÃa: