Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros De todo lo cual resulta que la verdadera apuesta de aquel partido que los dos reinos más poderosos jugaban por el gusto de dos hombres enamorados era una simple mirada de Ana de Austria.
La primera ventaja la obtuvo Buckingham, el cual, llegando por sorpresa a la isla de Ré con noventa velas y unos veinte mil hombres, sorprendió al conde de Toiras, gobernador del rey en la isla, que a pesar de ofrecer un combate sangriento no pudo oponerse al desembarco del enemigo.
Digamos de paso que en aquel combate sucumbió el barón de Chantal, dejando huérfana a una niña de dieciocho meses que, andando el tiempo, fue mm. de Sévigné.
El conde de Toiras se retiró a la ciudadela de Saint-Martin, junto con la guarnición, y envió un centenar de hombres a un fortín llamado de La Prée.
La victoria de Buckingham apresuró las resoluciones del cardenal; y mientras llegaba el día en que el monarca y él pudiesen encargarse del mando del sitio de La Rochelle, que estaba decidido, había hecho partir al hermano de Luis XIII para que dirigiera las primeras operaciones, y salir para el teatro de la guerra todas las tropas disponibles.
De aquel destacamento de vanguardia formaba parte nuestro amigo D’Artagnan.