Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos De Groote y Tibbet siguieron corriendo, seguidos por los marineros, dispuestos a acabar con todos los hombres que aún presentaran pelea; pero el ruso, el árabe y Krause estaban muertos, y Schmidt se retorcÃa y gritaba agonizante, incapaz de hacerles ya ningún daño.
De Groote se inclinó sobre él.
—¿Dónde está miss Laon? —preguntó.
Gritando y profiriendo maldiciones, casi ininteligibles sus palabras, Schmidt murmuró:
—El salvaje, maldito sea, se la llevó —y entonces murió.
—¡Gracias a Dios! —exclamó De Groote—; ahora está a salvo.
Los cuatro cogieron las armas y la munición de los cuerpos de los muertos, y con la autoridad que estas les daban obligaron a los lascares a recoger los fardos y echar a andar de vuelta hacia el Campamento Saigón.