Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos Tarzán estaba a punto de cambiar de dirección una vez más, ahora para evitar acercarse a Dango, cuando de pronto una nueva nota en la voz de Dango le hizo cambiar por completo de opinión. Era una nota extraña, le indicaba algo inusual, y despertó la curiosidad de Tarzán, por lo que decidió ir a investigar.
Aceleró el paso. Cuando la jungla le encerró se subió a los árboles, avanzando a través de ellos con grandes saltos con los que se comía la distancia. Los monos le parloteaban a medida que pasaba, y él les respondía con los mismos rápidos sonidos, diciéndoles que no tenía tiempo para pararse. En cualquier otro momento tal vez se habría parado a divertirse con los monos bebés, mientras las madres miraban con aprobación o los padres trataban de inducirle a jugar con ellos a atrapar cocos; pero ahora tenía prisa por descubrir lo que había provocado aquella extraña nota en la voz de Dango.
No obstante, un simio particularmente travieso lanzó un coco sin avisar. No lo hizo por malicia, porque conocía la rapidez del ojo de Tarzán. Y no estaba en absoluto preparado para el veloz lanzamiento de vuelta. Tarzán cogió el proyectil y lo devolvió casi en un solo movimiento, y la pelota de béisbol de la jungla llegó al mono para rebotar con un ruido sordo en el peludo pecho.