Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos «Me alimentan para engordarme —le dijo su mente—. Un hombre musculoso serĂa demasiado duro para comĂ©rselo. AsĂ que intentan crearme una capa de suculenta grasa. ÂżEs este un final adecuado para Tarzán… acabar en los vientres de los buiroos? No, no es un final adecuado para Tarzán, ¡ni será su final! A Tarzán seguro que se le ocurrirĂa algo».
De modo que Tarzán pensĂł en varias cosas, y desechĂł cada pensamiento por inĂştil. Aun asĂ, sus cinco sentidos, más desarrollados que los de cualquier otro hombre, permanecĂan aguzados.
Tres de estos sentidos no importaban mucho en su situaciĂłn actual. PodĂa ver, pero Âżde quĂ© le servĂa la vista si un hombre solo tenĂa las paredes de una mĂsera choza para mirar? ÂżQuĂ© importaba tener buen gusto cuando significaba probar comida no adquirida por sus propias fuertes manos, sino dada por los buiroos, para que en sus mĂşsculos se formara una capa de grasa que se derritiera en sus lenguas y satisficiera sus paladares?
No, solo dos sentidos —el oĂdo y el olfato— significaban todavĂa algo. Y sobre todo y por encima de todos los demás, el misterioso sexto sentido que Tarzán poseĂa en una medida desconocida para los otros hombres.