Hermosos y malditos
Hermosos y malditos El fiel Tana, pedagogo por naturaleza y «hombre para todo» por profesión, estaba otra vez con ellos. Entre los huéspedes más habituales de la casa gris había surgido una tradición acerca del criado japonés. Maury Noble comentó una tarde que su verdadero nombre era Tannenbaum, y que se trataba de un agente alemán establecido en el país para diseminar propaganda teutónica por todo el condado de Westchester, y, a partir de aquel día, desde Filadelfia empezaron a llegar misteriosas cartas dirigidas al desconcertado oriental como «Tnte. Emile Tannenbaum», conteniendo crípticos mensajes firmados por el «Estado mayor» y adornados con una doble columna en japonés macarrónico a modo de ambientación. Anthony se los entregaba siempre a Tana sin una sola sonrisa; horas más tarde aún podía verse al recipiendario en la cocina intentando desentrañarlos y declarando con gran seriedad que los símbolos perpendiculares ni eran japoneses ni guardaban el menor parecido con el japonés.