Hermosos y malditos
Hermosos y malditos A última hora de la tarde recibió de él una carta urgente, echada al correo en algún pueblo de New Jersey, y lo familiar del estilo, el trasfondo casi audible de preocupación y descontento, le resultaron tan conocidos que sirvieron para consolarla. ¿Por qué no? Quizá la disciplina militar endureciera a Anthony y lo acostumbrara a la idea de trabajar. Gloria estaba totalmente convencida de que la guerra terminaría antes de que su marido tuviera que luchar, y que mientras tanto ganarían el pleito y podrían empezar de nuevo, esta vez con una base distinta. El primer cambio iba a ser un hijo. Era insoportable tener que estar tan completamente sola.