El Profeta
El Profeta No permita que nuestros ojos tengan hambre de su rostro.
Y los sacerdotes y las sacerdotistas le dijeron:
Que las olas del mar no nos separen y que los años que han pasado entre nosotros no se vuelvan memoria.
Ud. ha caminado entre nosotros como un espÃritu, y su sombra ha sido una luz en nuestras caras.
Mucho lo hemos amado, pero callado era nuestro amor, y con velas ha sido velado.
Pero ahora nuestro amor le grita en voz alta, y quiere revelarse ante Ud.
Y siempre ha sido que el amor no sabe su propia profundidad hasta la hora de separación.
Y otros también se acercaron y le pidieron a él.
Pero no respondió. Sólo inclinó la cabeza; y los que estaban cerca de él vieron sus lágrimas cayendo en el pecho.
Y él y la gente avanzaron hacia la plaza frente al templo.
Allà salió del santuario una mujer que se llamaba Almitra. Y ella era vidente.
Él la miraba con ternura extrema, porque era ella la que por primera vez lo buscó a él y creÃa en él cuando sólo hubo pasado un dÃa en su ciudad.
