Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Sus hombres miraron con detenimiento al jinete que se aproximaba, y uno a uno hicieron un movimiento negativo con la cabeza.
—Viene de muy, lejos —dijo uno.
—Trae un caballo excelente —opinó otro.
—Es un jinete extraño —exclamó un tercero.
—¡Caramba, va vestido de piel negra! —añadió un cuarto.
Tull impuso silencio con un movimiento de la mano y avanzó dos pasos de modo que ocultaba por completo a Venters.
El jinete detuvo su caballo y se deslizó con tal rapidez al suelo, que parecía no haber empleado para desmontar sino un solo movimiento. Era notable la celeridad con que lo efectuó sin dejar de mirar ni un segundo a los que tenía enfrente.
—¡Fijaos! —murmuró uno de los acompañantes de Tull—. Lleva dos grandes pistolas negras. Es difícil distinguirlas bien sobre el pantalón negro.
—¡Un gunman[2]! —murmuró otro—. ¡Ojo, muchachos, con mover las manos!
El forastero acercábase lentamente. Su modo de andar podíase atribuir al cansancio del viaje, mas también a la cautela del que se previene contra cualquier riesgo.