Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Más allá de las rocas y de la propia pradera velase una banda de jinetes saliendo de la estrecha garganta del Desfiladero, y a la cabeza iba un caballo blanco. A pesar de la distancia, que serÃa de más de una milla, Juana lo reconoció.
—¡Es Tull! —gritó.
—SÃ, es Tull, Juana, pero aún llevamos las de vencer. Ellos montan caballos cansados, pues estoy seguro de que Venters les habrá obligado a correr mucho. Y nosotros tenemos caballos frescos.
Apresuradamente colocó las alforjas, repasó las cinchas y subió de un salto sobre uno de ellos.
—¡Dadme la pequeña! —ordenó. Juana obedeció temblando.
—Mujer, procurad tener sangre frÃa, porque se trata de vida o muerte. ¡No lo olvidéis! Montad, no os apartéis de mà y estad alerta.