Fundación
Fundación La situación era precaria. La Fundación no tenía naves de guerra ni defensas planetarias. Pero Hardin sabía que la fuerza bruta no era el único camino hacia la victoria. Reunió al consejo y explicó su plan.
—No necesitamos ganar una guerra. Solo necesitamos convencerlos de que no pueden permitirse destruirnos.
Uno de los consejeros golpeó la mesa, furioso.
—¿Convencerlos? Son soldados del Imperio. ¡No entienden de palabras, solo de armas!
—Entienden de miedo —respondió Hardin, su voz cortante como el filo de un cuchillo—. Y eso es lo que les daremos.
Al día siguiente, Hardin envió un mensaje al comandante de la flota imperial, un hombre llamado Lord Dorwin. La transmisión era clara y directa.
—Si destruyen Términus, condenarán a sus propios mundos. El conocimiento que guardamos aquí es la única esperanza para mantener su tecnología funcionando. Sin nosotros, sus naves se oxidarán y sus planetas caerán en la oscuridad.
Hubo un largo silencio tras el mensaje. La tensión en el aire era palpable mientras todos en la sala de mando esperaban una respuesta. Finalmente, la voz de Lord Dorwin resonó a través del comunicador.