La Copa Dorada
La Copa Dorada Con valerosa seguridad, agarrándose aliviada a algo que era evidentemente nuevo para ella, Fanny Assingham repuso:
—¡De esto nada sé!
Maggie prosiguió:
—Y esta copa, aunque parezca raro, tan raro que ahora resulte casi increÃble, constituye la prueba de lo que he dicho. Estuvieron siempre juntos, hasta la vÃspera de nuestro matrimonio. ¿No recuerda que Charlotte regresó de América sin previo aviso, poco antes de que me casara?
Para la señora Assingham esta pregunta tenÃa —tanto si de ello era plenamente consciente como si no— los más extraños matices del atractivo de la sencillez:
—Desde luego, recuerdo muy bien que Charlotte vino de América, que estuvo viviendo en nuestra casa, y también recuerdo la opinión que su regreso nos mereció.