La Copa Dorada
La Copa Dorada Sin embargo, Fanny al principio, dándose cuenta de que en estas palabras de la Princesa se contenÃa la respuesta a su observación, no dijo todo lo que querÃa decir y, por el momento, dijo otra cosa:
—Su padre lo hizo por usted; en gran medida, al menos, lo hizo por usted. Y también fue por usted por quien yo hice, en menor medida e interesadamente, todo lo que pude.
La señora Assingham hizo una pausa y prosiguió:
—Ciertamente algo pude hacer. Estimaba que veÃa lo que le beneficiaba a usted, de la misma manera que su padre también lo veÃa. Y estimaba que también veÃa lo que beneficiaba a Charlotte. Tengo fe en ella.
Maggie exclamó:
—¡También yo tengo fe en ella!
La señora Assingham volvió a esperar antes de responder. Pero en esta ocasión siguió adelante en su camino:
—Y Charlotte tiene fe en sà misma.
Maggie murmuró:
—¿Qué?
Algo exquisito, levemente entusiasta en su espontánea sencillez, pareció empujar a la señora Assingham a avanzar más:
—Y el PrÃncipe tenÃa fe. Su fe era auténtica. De la misma manera que también tenÃa fe en sà mismo.