Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica Por lo tanto, la moralidad ha de tener tanta mayor fuerza sobre el corazón humano cuanto más pura sea presentada. De donde se sigue que, si la ley de las costumbres, la imagen de santidad y virtud, debe ejercer en general alguna influencia sobre nuestra alma, sólo puede hacerlo en la medida en que se vea insertada dentro de nuestro corazón como algo puro, sin mezcla de propósitos relativos a su bienestar cual móviles, ya que es en el padecimiento donde se muestra con mayor magnificencia. Sin embargo, aquello cuya marginación fortalece el efecto de una fuerza motriz ha de haber sido un obstáculo. Por consiguiente, cualquier adición de móviles relativos a la propia felicidad procura un obstáculo al influjo de la ley moral sobre el corazón humano. Yo sostengo además que incluso en esa admirada acción, si aquel motivo por el cual tuvo lugar fue la estimación<Ak. V, 157>\ su deber, es entonces este mismo respeto hacia la ley, y no acaso como una reivindicación ante la opinión interna de magnanimidad, o un noble modo de pensar meritorio, lo que posee justamente la mayor fuerza sobre el ánimo del espectador; por ende es el deber, y no el mérito, quien ha de tener sobre el ánimo, si dicho deber queda representado bajo la justa luz de I su invulnerabilidad, no sólo la in[A 280]fluencia más determinante, sino también la más penetrante.