La maquina de asesinar
La maquina de asesinar Cristina, sin embargo, no abrÃa los ojos… Entonces, él le espurreó la cara con la manzanilla que habÃa quedado, y que estaba frÃa… Apenas consiguió despabilarla… ¿Quién hubiera podido creer que a la señorita Norbert le pasaran cosas tan extrañas?… El domingo estaba yo en la iglesia cobrando… Le advierto, señor comisario, que os una tarea difÃcil, porque hay que tener los ojos en todas partes, vigilar o la vez a los que se quedan, a los que van a salir y a los que salen sin haberse metido la mano en el bolsillo… Pues bien: aún me quedaba vista para mirar a Cristina, que parecÃa una estampa de primera comunión y a la que se hubiera admitido a comulgar sin confesión… Pero a pesar de todo, ¡hay que ver cómo la encontraron en casa de Benito Masson!… ¡Y hay que ver el estado en que se hallaba cuando la entró Gabriel!…
Pero ¿quién es Gabriel?… ¡Cualquiera lo sabe! ¿Acaso será verdad lo que empieza a rumorearse, lo que nos da tanto miedo?
¡Y qué guapo es!… Sólo puede comparársele al arcángel que lleva su mismo nombre… Si le he de decir verdad, señor comisario, yo no hubiera podido resistirle… ¡Claro está que me refiero a cuando estaba empleada en caja!…
En cuanto al señor Birouste, cuya intervención está lejos de haber terminado, como muy pronto veremos, solamente retenemos de momento esta declaración: