Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles El negro del acordeón y la música. Reflexiones sobre el criterio vulgar. Sueño fantástico. Lucius Victorius Imperator. Un mensajero nocturno de Mariano Rosas. Se reanuda el sueño fantástico. Mi entrada triunfal en Salinas Grandes. La realidad. Un huésped a quien no le es permitido dormir.
El negro no tardó en irse con la música a otra parte. Bendije al cielo.
Como poeta festivo, como payador, no podÃa rivalizar con Aniceto el Gallo ni con Anastasio el Pollo[11].
Ni siquiera era un artista en acordeón.
Yo tengo, por otra parte, poco desarrollado el órgano frenológico de los tonos, pudiendo decir, como Voltaire: La musique c’est de tous les tapages le plus supportable.
Es una fatalidad como cualquier otra, que me priva de un placer inocente más en la vida.
Te contarÃa a este respecto algo muy curioso, un triunfo de la frenologÃa, o en otros términos, la historia de mis padecimientos infantiles por la guitarra[*2]. Y te la contarÃa a pesar del natural temor de que me creyesen más malo de lo que soy; porque tengo la desgracia de ser insensible a la armonÃa.
Tú sabes, que según las reglas del criterio vulgar, no puede ser bueno quien no ama la música, las flores, aunque ame muchas otras cosas que embriagan y deleitan más que ellas.