Historia de un pepe
Historia de un pepe —No acostumbramos hacer —respondió don Andrés—, diferencia alguna entre nuestros clientes por las sumas que tengan en la casa. Todos tienen igual derecho a nuestra consideración y a ser servidos con la misma puntualidad.
Montejo acabó de impacientarse al ver la sangre frÃa y la tenacidad del anciano. Los instintos feroces del bandido comenzaron a despertarse en el alma de Pie de lana, que temblando de rabia, metió la mano bajo su chaleco e hizo asomar el mango de un puñal. Urdaneche advirtió el movimiento, y sacando una pistola que llevaba oculta en la faltriquera, la amartilló y apuntó tranquilamente a don Juan.
En aquel momento se abrió la puerta del gabinete, dando tiempo apenas a aquellos dos hombres para esconder las armas. Era un criado que tenÃa en la mano una carta, y dijo al entregarla a don Andrés.
—Un correo que viene ganando horas, ha traÃdo esta carta.
El sirviente se retiró. Urdaneche echó una ojeada al sobrescrito y dijo:
—Es del corresponsal de Sonsonate. Con permiso de usted; y la abrió.