Las mujeres que aman demasiado
Las mujeres que aman demasiado Este autoabandono no es un acto voluntario, sino un hábito aprendido desde la infancia. Quien creció en un entorno donde sus sentimientos no eran validados, donde tuvo que ganarse el afecto siendo útil o silenciosa, aprende que su valor está en servir, no en ser. Por eso, cuando entra en una relación, repite el mismo guion: cuida, protege, da… y se olvida.
La desconexión con sus propios sentimientos es profunda. Puede llorar, enfadarse, deprimirse, pero no sabe qué hacer con esas emociones. No las escucha como señales que indican que algo no está bien. En lugar de preguntarse qué necesita, se pregunta qué más puede hacer por él. Ignora las señales de su cuerpo, de su alma, de su intuición. Siente dolor, pero lo justifica. Siente tristeza, pero la transforma en esperanza. Siente ira, pero se la traga.
Mientras más crece el desgaste interno, más se aferra a la relación. Porque abandonarse se ha vuelto parte de su identidad. Cuidar del otro, estar disponible, intentar salvarlo, le da un propósito. Su vida gira en torno al otro, y cualquier intento de reconectarse consigo misma le resulta egoísta, amenazante o inútil. No sabe estar sola, porque estar sola significa enfrentarse con todo lo que ha negado: la herida, la carencia, el miedo.