Ana Karenina

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Y Levin se decía que Kitty no era la culpable («es imposible que ella sea culpable de nada»), sino su educación superficial y libre. («¡Aquel tonto de Charsky! Ya sé que ella quería atajarle, pero no pudo.») Y concluía: «Sí, fuera del interés de la casa (y éste es innegable que lo tiene), aparte de sus vestidos y su broderie anglaise, Kitty no se interesa seriamente ni por los asuntos propios, ni por la economía doméstica, ni por los campesinos, ni por la música, a pesar de que es entendida en ella, ni por la lectura. No hace nada y está completamente satisfecha» .

Y Levin la censuraba en el fondo de su alma sin comprender aún que Kitty se preparaba a aquel período de actividad en que sería a la vez esposa y dueña de casa y habría de cuidar, nutrir y educar a sus hijos. No comprendía que ella sentía esto por instinto y que, al prepararse para aquel tremendo trabajo, no reconvenía los felices momentos de despreocupación y de dicha de amar que gozaba ahora, mientras construía alegremente su futuro nido.

 




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