La casa de vapor
La casa de vapor Nada veíamos en aquella orilla; ni un animal ni un ser humano; parecía estar absolutamente desierta, sin una habitación, sin una casa de campo bajo la cubierta espesa de los primeros árboles. Todo indicaba que podíamos saltar a tierra sin peligro.
Con ayuda del viento, atracamos con facilidad cerca de una orilla plana como una playa de arena, pero debido a la falta de vapor, no fue posible ni subir por ella ni lanzarse a un camino que, según la dirección indicada por la brújula, debía ser el camino de Yubbulpore.
Sin perder un instante, seguimos al capitán Hod, que fue el primero en saltar a tierra.
La orilla apareció.
—Hagamos provisión de combustible —gritó fuertemente Banks—, y dentro de una hora estaremos en presión y marcharemos adelante.
La provisión era fácil de hacer. Había leña por todas partes en el suelo y bastante seca para poderla utilizar inmediatamente. Solo faltaba llenar el fogón y cargar el ténder.