La Eneida
La Eneida lo asalta y toma venganza de la sangre enemiga:
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con igual facilidad el gavilán, ave sagrada, de lo alto de una roca
se lanza con sus alas sobre la paloma que asoma altísima en las nubes
y la tiene agarrada y la destripa con sus curvas garras;
caen entonces del cielo la sangre y las plumas arrancadas.
Mas el sembrador de dioses y hombres no está sentado, excelso,
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en el supremo Olimpo sin observar con mil ojos estas cosas.
El padre incita al etrusco Tarconte a una lucha
sin cuartel y con no blando estímulo provoca su encono.
Así que llega Tarconte a caballo entre los muertos y las tropas
que se retiran y con voces diversas instiga a las alas
