La Eneida
La Eneida Bajo las murallas de la gran ciudad midiendo el campo
para el duelo los rútulos y los hombres de Troya disponían
hogares en el centro, y para los dioses comunes altares
de hierba. Otros portaban agua y fuego cubiertos con la falda
de franjas de púrpura y ceñidas las sienes de verbena.
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Avanza la legión de los ausónidas y a puertas llenas
se derraman los escuadrones armados. Acude luego todo
el ejército troyano y el tirreno con armas diversas,
cubiertos de hierro no de otro modo que si les convocase
la fiera cita de Marte. Y entre tantos miles dan vueltas
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los propios caudillos, soberbios de púrpura y oro: