Un hombre furioso

Henry Keystone

Seudónimo de Enrique Montoro Sagrista
HABIA empezado a llover a media tarde y el polvo de la senda se había convertido en barro.
Abundaban los charcos de agua cenagosa y la lluvia formaba una densa cortina. La noche era muy oscura y resultaba imposible ver más allá de cinco yardas./p>
Para el hombre que conducía la carreta arrastrada por dos fuertes y resistentes caballos, lanzados a un alocado galope, los relámpagos que desgarraban el oscuro cielo, eran como faroles que se encendiesen y apagasen. Y eran también lo único que le permitía saber en qué lugar estaba la senda.
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