El destino viajaba en tren

Corin Tellado

?¿Tan imposible te parece a ti, tener relaciones formales con una mujer durante dos años? Entonces, ¿qué harias si empezases a los veinte y te casaras a los treinta, como hacen muchos hombres? Adolfo, te lo digo en serio, yo esperaré por ti el tiempo que haya que esperar. ¡No faltaría más! Te amo, bien lo sabes, y puesto que te amo, aquí me tienes, dispuesta a esperar lo qué sea. ¿Dos años? No son tantos años, Adolfo. Por un novio se hace lo que sea, y..., ¿sabes lo que te digo? Casi estoy por aplaudir a tu padre. Era un hombre inteligente, no cabe duda. Octavio, que escuchaba la conversación mientras fumaba un cigarrillo, acomodado negligentemente en una butaca, sonrió divertido. Esperó un instante con la ceja alzada, imaginándose la salida de su amigo Adolfo con respecto a la «generosidad» de su novia... Adolfo apenas si movió los ojos, y mucho menos el cuerpo. Se hallaba tendido en una butaca, con las piernas extendidas sobre la mesa. Tenía la pipa apretada entre los dientes, y sus ojos negros, de expresión cínica, medio se ocultaban bajo el peso perezoso de los párpados.
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