Lefy, el justiciero

Fidel Prado

Lefy había realizado un viaje molesto de más de ochenta millas a caballo, para llegar al poblado y pese a ser un hombre joven, alto, robusto, de buen ver y de rasgos enérgicos, acusaba cierto cansancio, por lo que estaba deseando poner fin a su cabalgada y asentar sus huesos, durante un tiempo que no podía calcular, durmiendo sobre un blando colchón y sin necesidad de quebrantar su esqueleto con jornadas agotadoras. Lo primero que hizo cuando descubrió el hotel, fue detener el sudoroso y sucio caballo ante la entrada, ascender los tres escalones y penetrar en el hall. Al descubrir en él un pequeño bar, se acercó a la barra preguntando: ?¿Qué puede usted ofrecerme para arrancarme el polvo que obstruye mi gaznate?


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Una lectura para volver a viajar