Diez días después de agosto

Cliff Bradley

DespuĂ©s de todo, se trataba de su vida y la mĂ­a. Los cĂłdigos estĂĄn muy bien, no caben dudas; pero no sirven de gran cosa en una circunstancia asĂ­. De modo que le lancĂ© el cuchillo. Soy un excelente tirador con ellos, como con toda otra clase de armas individuales. Tampoco es como para vanagloriarse, se trata de mi profesiĂłn y resulta lĂłgico que un buen profesional domine razonablemente las tĂ©cnicas de su oficio. AdemĂĄs, el tipo estaba a seis pasos de distancia. Un perfecto estĂșpido. Alguien debiĂł advertirle que un rĂĄpido lanzador de cuchillo siempre lleva ventaja a un hombre armado con una metralleta, a no ser que el segundo tenga ya el arma encañonada y el dedo en el gatillo. El llevaba su dedo Ă­ndice derecho sobre el gatillo, pero no me encañonaba, exactamente. BatĂ­a el terreno, imaginĂĄndome cerca?
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